Despedida del blog

Publicado: 5 agosto 2010 en General
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Bueno, mi última entrada en el blog y despedida en toda regla de Hong Kong, la ciudad en la que he vivido los tres últimos años. Como hace dos días regresé de un súper viaje (nunca había pasado tanto tiempo allí) de unos 20 días al continente, pasando por Tibet, volví con las ideas más frescas y ánimos renovados para afrontar los últimos días de mudanza y papeleos varios. ¿Qué puedo contar de estos años aquí? Pues que ha sido una experiencia en todos los sentidos: momentos muy buenos y muy malos, sentimientos bastante intensos, más de lo que a veces hubiera deseado. Siento también que he aprendido mucho. Profesionalmente ha sido una oportunidad increíble de trabajar en un entorno privilegiado, en el que sientes y te hacen sentir que tu trabajo es importante y que merece la pena esforzarse y hacer las cosas bien. Ojalá en mis siguientes trabajos pueda tener de nuevo estudiantes tan aplicados y con tantas ganas de aprender como los que he tenido estos tres años en Hong Kong. De todas formas, me lo planteo como una despedida asiática a medias, porque en el futuro me encantaría poder vivir durante algún tiempo en Beijing o Shangahi. Ojalá sea posible. Y como el nombre me ha gustado mucho, lo conservo (menos la segunda parte) para el próximo blog de profe y estudiante (para eso me vuelvo a Madrid) que pronto empezaré a escribir.

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Una de las tareas evaluables del curso de verano de Chinese U era un debate, importantísimo para ellos porque consistía en el 20% de la nota final. Días antes decidmos, entre varios temas posibles, sobre el que finalmente discutiríamos: ¿son válidos los exámenes? ¿podemos plantearnos otra manera de hacerlos (con acceso a Internet, como en Dinamarca, por ejemplo)?

Primera “sorpresa”: TODOS estaban de acuerdo en que los exámenes son necesarios e imprescindibles, y que no es conveniente usar Internet u otro tipo de material “extra” durante los mismos, porque en su opinión esto perjudica a los buenos estudiantes, y favorece a los más vagos, o poco trabajadores. Todos coincidían, además, en que los exámenes son la mejor forma de seleccionar a los mejores estudiantes. ¿Me extrañó? Pues no. Prima, y no solo en la universidad, la evaluación selectiva, por lo que es lógico que los estudiantes repitan como loros semejantes ideas, y que no se planteen su validez o posible revisión.

Como se trataba de un debate, bueno, más de una conversación en la que se discutiría tan polémico asusnto, no hubo problemas en ponerse de acuerdo para defender posturas opuestas. Me hizo gracia cuando una de las estudiantes, por ejemplo, nada más terminar dijo que se quería morir, porque había defendido con todas sus ganas la injusticia de los exámenes. La verdad es que a mí el tema me interesa muchísimo y me parece de lo más interesante. Creo además que, en general, no se le presta en nuestro mundillo de los profesores de español del sudeste asiático la atención que merece, empeñados como estamos todavía en debatir si lo comunicativo o los enfoques por tareas u orientados a la acción funcionan o no. En fin, es mi opinión. Bueno, a lo que íbamos. Durante la preparación del debate, los estudiantes contaron cuáles eran los exámenes más importantes de Hong Kong y para qué sirven. Son dos: HKCEE y HKALE, exámenes públicos para los estudiantes de secundaria similares a la selectividad española. Por lo que contaron, su importancia es máxima, porque de su resultado depende la continuación de los estudios y el ingreso en la universidad. Ellos hablaban de que solo entre el 18 o el 20% de los estudiantes llegan finalmente a la universidad, ¿ y el resto? Pues por sus respuestas, pocas opciones les quedan.

Surgieron ideas muy interesantes, tanto a favor como en contra, aunque en este caso fuera en contra de sus principios y creencias. Organizamos dos grupos: los que estaban a favor y los que estaban en contra. Contábamos también con un moderador, que preparó los días anteriores las preguntas que podían guiar a sus compañeros. Se encargó además de presentarlo, moderar las intervenciones de sus compañeros, y finalmente despedirlo. Yo hice de secretaria, apuntando en un documento word que estaba proyectado en la pizarra todas las ideas (con sus nombres) que iban surgiendo. Al principio pensaba que probablemente estaríamos entre 35 0 45 minutos, sobre todo porque en este grupo tenían pavor a esta prueba y parecía que no estaban muy dispuestos a hablar. Mi segunda sorpresa es que estuvieron hablando cerca de una hora y veinte minutos, y que tuvimos que cortar porque si no no iba a quedar tiempo para la clase. Creo que darse cuenta del tiempo que estuvieron hablando les sirvió para recapacitar sobre sus capacidades en español. Los estudiantes en HK son más bien modestos, y necesitan que les animes continuamente y repitas lo que saben y lo que pueden ser capaces de dar de sí (ay, el ego, que maltratadito lo traen a veces). Les pedí completar después un cuestionario para que reflexionaran sobre su papel en el debate (inspirado en Jill Hadfield), los sentimientos que habían experimentado, si habían ayudado a sus compañeros… y bueno, el resultado confirma mis hipótesis sobre lo bien que les vino sentirse capaces de hablar de un tema tan complejo como este en español, delante de 13 extraños, para una tarea que se iba a evaluar, y con una cámara grabándoles.

Desde hace unas semanas, imparto un curso intensivo en la Universidad China de Hong Kong, más conocida por aquí como Chinese U. Se trata de un curso de seis semanas, intensivo, de seis créditos. Es decir, les concede los últimos créditos que necesitan para su minor en español (una especie de diplomatura, aunque con bastantes menos opciones de asignaturas y horas de clase). En general, no puedo decir que existan diferencias sustanciales entre los estudiantes a los que he dado clase en HKU durante tres años y ellos, aunque les encuentro más responsables y tal vez un poco menos “quejicas”.

El año pasado di un curso bastante parecido, aunque solo de tres semanas, y con la particularidad de que tuve que trabajar con un manual de español chino que se llama Español ABC. ¿Alguno lo conoce? ¿Habéis trabajado con él? En mi opinión era como intentar trabajar con las páginas amarillas, igual de útil (o de inútil). Tenía un programa, que seguía en gran parte el índice temático del libro, además de un librito de ejercicios preparado por una amiga y compañera de esa universidad. Los ejercicios fueron creados casi exclusivamente para poder trabajar de manera “normal” con el Español ABC, y aunque resultaban de gran ayuda, organizar una clase de tres horas todos los días resultaba complicado. Imagino que en la China continental, donde los estudiantes de español tienen alrededor de 20 horas de clase a la semana, divididas por destrezas (normalmente es gramática, conversación, redacción, comprensión oral y traducción), tiene sentido un manual de las características del Español ABC, porque con él puedes completar fácilmente las dos o tres horas de gramática que tienes que enseñar. Ahora, en una clase de lengua general, en Pekín, Hong Kong, Taiwán o donde sea, me parece menos acertado.

No quiero tampoco ser excesivamente crítica. Los chinos del continente aprenden con este y con otros manuales similares y lo hacen muy bien. Se sienten menos intimidades porque junto al texto en español tienen la traducción en chino simplificado, y lo cierto es que sigue el modelo de aprendizaje chino, enfocado fundamentalmente en la memorización y repetición. ¿Las desventajas? El foco está tan puesto en la forma, que se desdeñan aspectos fundamentales del aprendizaje de lenguas, como el contenido socio-cultural. Tampoco se espera de los estudiantes la más mínima reflexión acerca de las reglas de la nueva lengua que está aprendiendo, pues se ofrece en todas las actividades una explicación gramatical explícita de los contenidos. Ni que decir tiene que todas las unidades siguen el mismo esquema: TEXTO/VOCABULARIO + FONÉTICA + GRAMÁTICA + EJERCICIOS.

¿Por qué todo este rollo? Afortunadamente, este año he podido trabajar con Aula Internacional 3. Como en la universidad se están planteando utilzarlo en los cursos de tercer año, se les pasó una encuesta preguntándoles que les parecía trabajar con Aula y si encontraban muchas diferencias con el antiguo. He de decir que el resultado me sorprendió ¡bastante! Básicamente era esto:

1) Aula es muy difícil. No entienden los textos orales, y los escritos también son difíciles.

2) ¡No está organizado! ¡Y tampoco tiene bastante gramática!

Lo de que es difícil, realmente puedo entenderlo. En Hong Kong, los estudiantes son educados y entrenados para no fallar, para no suspender ni sacar nunca malas notas, para tener éxito en todo… Si no pueden entender un audio, desisten al primer o segundo intento. Pongo un ejemplo. Estábamos escuchando un audio sobre reivindicaciones y su tarea era señalar, entre dos opciones posibles, lo que pedían los manifestantes. Parecía una tarea imposible, empeñados como estaban en entender absolutamente todo. Claro, a los dos minutos estaban desesperados y deseando que terminara el ejercicio. Normalmente escuchamos los audios dos veces, y les ofrezco escucharlo por tercera vez. No, no querían. Habían literalmente abandonado la idea intentar entender aunque fuera eso, ¿qué era lo que pedían? Segunda parte. Utilizamos la transcricpión que aparecía en la parte de ejercicios, al final del manual. Esto sí que no les plantea dificultades, es un rellena huecos. Resultado: pidieron escucharlo dos veces más; esto no era tan difícil, esto podían hacerlo. Sensación que se te queda a ti en el cuerpo: los entiendes, los respetas, pero los animas a que se armen de valor y luchen con el sentimiento de frustración tan tremendo que sienten cuando piensan que han fracasado porque no han entendido un audio.

Pero sigo pensando, ¿por qué no les gusta Aula, cuando a mí me está ayudando a organizar el curso, cuando es divertido, cuando es creativo, cuando la parte de gramática está tan bien sistematizada? ¿Tendría que haberles explicado más lo que íbamos a hacer? ¿Debería haber pasado los primeros 15 o 20 minutos de curso explicándoles las diferencias entre uno y otro manual, y la conveniencia de emplear uno como Aula, orientado a la acción, a hacer, en lugar de memorizar sin fin las reglas de la lengua?

DELE en Hong Kong, mayo 2010

Publicado: 29 mayo 2010 en General
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En una de mis últimas entradas hablaba de mis impresiones después de los exámenes orales que todos los años se llevan a cabo en la Universidad de Hong Kong al final del segundo semestre en todos los cursos de español (año I, II y III). Pues bien, hace dos semanas tuve la oportunidad de participar como entrevistadora y evaluadora en los exámenes DELE para AI. Era mi primera vez y, a pesar de haber realizado el curso de formación correspondiente y empollarme la información antes del día del examen, no podía evitar estar bastante nerviosa. Afortunadamente, gracias a que en el curso vimos bastantes vídeos con intervenciones de profesores, pude tener una idea más clara de lo qué hacer y también de lo que debía evitar. Evitar: decir “muy bien”, “perfecto” (aggg, qué difícil, si lo tenemos en la boca puesto todo el día…). Se me escapó dos veces, y todavía me pregunto cómo no lo dije más. Y sobre todo, algo que vimos en los vídeos y en mi caso, a veces en exámenes de compañeros en la universidad, hablar demasiado tú, o intervenir en momentos en los que no te toca, porque es el momento de los estudiantes.

Me sorprendió lo bien preparados que estaban algunas estudiantes, ya que se notaba perfectamente que tenían aprendido y requeteaprendido todo lo que tenían que decir. Me tocó de hecho entrevistar a dos adolescentes, compañeras en la misma clase en el instituto, que tenían prácticamente los mismos monólogos. En fin, teniendo en cuenta lo importantes que los exámenes son en HK y la relevancia que cualquier título tiene para ellos, no sé de qué me extrañé. Lo extraño hubiera sido encontrarse con alumnos poco o mal preparados, que los hubo, aunque pocos.

También me llamó mucho la atención el vocabulario que algunos de los estudiantes que venían de Shenzhen mostraban: “tengo una casa fastuosa”, “los pájaros en la ciudad X vuelan por el cielo azul”, etc. Qué sofisiticación para un A1, qué maravilla, me dejó a cuadros el muchacho. Una de mis compañeras me indicó al comentarle esto, que se debía a que estudian con el Español Moderno, uno de esos libros chinos, estructurales a tope, y plagados de textos creados a propósito para practicar determinados contenidos gramaticales. Bueno, yo trabajé tres semanas con uno de esos libros y… ¡lo odié! Pero he de reconocer una cosa: los chinos del continente aprenden español (muy bien, por cierto) con materiales como esos.

Ah, sobre la evaluación. Pasamos bastantes horas durante el curso revisando los criterios, y discutiendo ejemplos complicados que aparecían en los vídeos. Creo que era debido a esto por lo que estaba tan nerviosa antes del examen. Nunca había trabajado antes con el profesor, a pesar de conocerle, con el que me tocó hacer el examen. Así que me pasé las cuatro horas y pico, casi cinco, que estuvimos allí, con la hojita con los criterios delante, para no olvidarme y errar en el juicio. Es una gran responsabilidad: es un examen importante para ellos, y no sería justo que por una inadecuada formación, los resultados de sus exámenes se vieran afectados.

En fin, que me gustó mucho la experiencia, y me encantaría repetirla más veces en las próximas convocatorias.

La última tarea del curso

Publicado: 1 mayo 2010 en General
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Bueno, la última tarea, como ya comenté en la entrada anterior consistía en la representación, ayudándose de distinos medios, de un tráiler en clase. Esta es una de las que más me divirtió. Cecily, Kasey y Renata, ayudadas del “médico” Vincent representaron un cuanto chino tradicional, en el que se reivinda la generosidad.

Oh, exámenes orales

Publicado: 26 abril 2010 en General
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¿Os gustan? A mí, no mucho. Hace años uno de los miembros de Pet Shop Boys decía a propósito de las actuaciones en directo que una cantante como Dusty Springfield se ponía tan nerviosa que a veces  desafinaba, que vomitaba antes de salir; que si se te daban bien, perfecto, pero valorar tu capacidad como artista simplemente por eso no era justo. Creo que el ejemplo contrario de artista que se había ganado su reputación a base de muchas actuaciones en directo era Bruce Springsteen (a ellos parece que no les gustaba mucho). Para ser un buen artista (música popular, claro, pop, rock…) necesitabas cantar bien en directo, tener presencia escénica, comunicarte con el público, etc. Ahora hay grupos que aparecen en el escenario y en las entrevistas sin desvelar su cara (Daft Punk), por ejemplo, y no pasa absoultamente nada. Incluso hay grupos muy famosos que no se molestan en cultivar esa mística de los directos, ni posan para las revistas: ya está el mercado saturado de estrellas.

Pues yo pienso lo mismo de los exámenes orales. Te has pasado un año trabajando con estudiantes que en el momento del examen, cataplum, se ponen a temblar como una hoja, les salen ronchas en el pecho y un hilillo de voz. No, no puedo ser objetiva. Les he escuchado con atención durante las clases, con sus compañeros, en las mini presentaciones que han tenido que hacer, o simplemente dando sus opiniones cuando las he pedido sobre determinadas cuestiones. ¿Por qué tendría que valer esto más que lo que han estado haciendo duante un semestre?

También pienso que a veces parece que estemos buscando todos los errores que cometen, en lugar de señalar no solo lo negativo sino tambien las cosas que son capaces de hacer. Estudiar una lengua extranjera no es una tarea fácil. A mí me da vergüenza tener que hacer presentaciones en la clase de inglés, y no me presenté al examen de chino en la escuela de idiomas de Madrid por miedo a hacerlo mal. Tal vez por eso, porque tengo muy presente mi experiencia como estudiante, me resulta fácil ponerme en la piel de los estudiantes y relativizar estas lagunas que se producen en los exámenes.

Qué difícil por otra parte ser evaluador en exámenes tipo DELE, cuando no conoces de nada a los estudiantes y sí, ellos se lo juegan todo a una carta. Dentro de unas semanas participaré como evaluadora en los DELE, nivel A1, y me tocará sufrirlo en mis carnes.

Bueno, terminamos, sanos y salvos. Agotaditos todos, pero nada grave. Llevo las dos últimas semanas pensando en qué cosas tendría que haber hecho de otra manera:

1) El blog como blogfolio. Más guiado. Lo que hice fue utilizar las ideas que aparecían en el Porfolio de la Biblioteca de Gente e írselas graduando, por semanas, como posibles entradas de sus blogs. Creo que no ha funcionado con la mitad de ellos. Para los que escriben de manera regular sí, para aquellos que dejan todo para el final, no. De hecho algunos (pocos, menos mal) lo único que han hecho en sus blogs es ir colgando sus tareas, así que ahora les toca escribir ocho o nueve entradas de golpe, a pesar de recordarles que uno de los criterios que tendría en cuenta a la hora de evaluarlos sería la regularidad. Si me fijo en esto, lo más seguro, viendo las características del grupo, sería tal vez decirles esta semana tenéis que escribir sobre vuestros problemas y dificultades cuando léeis textos en español y las estrategias que utilizáis, se me ocurre ahora como ejemplo. Pero por otra parte yo prefiero dejarles a su aire, ya les dije que eran 10 entradas centradas en su experiencia como estudiantes de lenguas (no solo el español), sin inlcuir las tareas; si el curso son 13 semanas, vaya, no hay que ser un matemático para saber que es más o menos una entrada por semana. Les fui dejando notitas en Facebook y WebCT también, con las ideas, con recordatorios de cuando terminaba el curso… Tengo dudas. ¿Cómo lo hace la gente? ¿”Obligan” a los estudiantes a escribir en sus blogs una vez a la semana?

2) Me ha gustado lo de dar opciones a los estudiantes para escoger hacer tareas diferentes. Por ejemplo, cuando trabajamos con poemas y poetas, una de las opciones era escribir una carta al poeta y otra ser ellos los que escribieran uno. O cuando vimos entrevistas y cuestionarios, y ellos eligieron qué era lo que más les apetecía escribir. El problema para mí ha sido que, al no contar con libro de texto, e ir elaborando unidades como pequeños frankensteins todas las semanas, lo mismo me ha pasado con los criterios de evaluación de sus tareas y las parrillitas con comentarios que al final les envío a ellos. Si además de las unidades, tienes que pensar en dos tareas distintas y además en los criterios es una locura.  Me sorprendió mucho cuando eligieron TODOS escribir un poema en lugar de escribir una carta. Qué valientes, yo no sé si hubiera hecho lo mismo en chino, o en inglés. Otro problema relacionado con esto es que en cuatro horas pudimos ver tan poquito que a lo mejor hubiera sido mejor quitar tiempo a otras cosas y dedicárselo a esto.

3) La organización de la última unidad ha sido un desastre. A ver, ¿por qué he querido mezclar cine y literatura? O hablo de cine o hablo de literatura. Además, me ha provocado muchas dudas, porque aunque me gusta sé muy poco de cine. Al final lo que hice fue dedicar la primera sesión a familiarizarles con los más importantes géneros literarios (occidentales, claro), que hablaran, preguntaran y escribieran sobre lo que leen, por qué, cuándo, etc., y finalmente intentar un pequeño análisis, siguiendo un simple esquema, de algunos fragmentos de textos literarios. Vale, y luego cine. Me ha gustado más, pero no, error mezclarlo, porque al final ni chicha ni limoná. ¿Por qué me ha pasado esto? Pues porque el diseño del curso parte de la memoria de máster que presenté el año pasado y, sin libro, es que a unidad por semana, recortando, pegando, inventando, para luego organizarlo con una cierta unidad. Muy cansado. Así que en este caso es que ni tiempo he tenido para darme cuenta de que así no iba a funcionar hasta la semana en que me tocó prepararlo todo. Además está el hecho de que una vez que entregas el programa con lo que vas a hacer, es más difícil hacer cambios sobre eso. Bueno, no, no es excusa, hubiera podido cambiarlo: no se fijan en el programa y tampoco pasaría nada, porque los objetivos (de comunicación, aprendizaje, etc.) eran muy generales y daba igual si en lugar de literatura hablaba solo de cine. El título de la tarea, decidida también el año pasado, ha dado lugar a equívocos. La llamé tráiler, pero las instrucciones que les di estaban más encaminadas a la representación de un par de escenas de su peli (real o inventada), más que a la creación de un verdadero tráiler. Prefería que trabajaran más con los personajes, los elementos de la puesta en escena y también el lenguaje de las acotaciones (me basé en una tarea final de Gente Joven). Además de su representación, tienen que escribir una pequeña reseña de unas 70-80 palabras sobre el trabajo de sus compañeros. Les di un pequeño cuadro que tenían que completar, para que les pudiera guiar a la hora de escribirla: una parte con la información objetiva (dónde se estrenó, quién lo dirigió, el reparto) + su opinión personal sobre actores, música, objetos que utilizaron como decorado, vestuario, etc. Uno de los grupos tomó el título de tráiler de forma literal, y en lugar de hacer una representación, grabaron un verdadero tráiler. El resto, sin embargo, que habían seguido las instrucciones más al pie de la letra, lo que hicieron fue alternar partes de vídeo o el uso del Power Point para dejar mostrar la ambientación, música, efectos, etc. Bueno, esto tampoco me parece muy grave, porque ya les dije que lo más importante era: el texto, la interpretación de los actores, la interacción que habían mostrado, el trabajo previo…

Bueno, dejo aquí el tráiler que el grupo de Chelsea, Juliana e Irene realizaron. Qué bien saben editar, tendría que ser yo la que les pidiera clase a ellas y no al revés 🙂